Gas radón, un enemigo invisible para la salud

Aunque nos llenamos la boca con lo natural, no todo lo que proviene de la Madre Tierra es positivo. El gas radón, que se hizo bastante popular con el boom de la construcción de hace solo unos años, es una sustancia radioactiva y que puede ser bastante perjudicial para nuestra salud.

Producido en el subsuelo, a tan solo un metro de profundidad después de emanar a la superficie, se sabe que se acumula en las paredes de los edificios y que puede convivir con nosotros de forma silenciosa, invisible, sin que se note. Esto, que ha preocupado a gran parte de la población, es lo que tenemos que evitar.

¿Qué influye en la producción de gas radón?

La presión atmosférica, la humedad y la temperatura son tres factores que debemos tener en cuenta cuando hablamos de esta sustancia. Sin embargo, el gas radón en la construcción también supone un problema puesto que hay ciertos materiales que lo pueden alimentar y, desde ahora, deberían quedar obsoletos.

En cualquier caso, es importante saber que no todas las ciudades y/o países tienen el mismo nivel de esta sustancia. Se sabe que en las zonas más altas (en el caso de España tendríamos Galicia con Ourense y Pontevedra como provincias destacadas) hay mayor riesgo de producción de esta sustancia mientras que las que están al sur serían las que menos cantidad detectan.

En las viviendas, que suele entrar por grietas o fisuras que se formen en el suelo, se puede quedar inmóvil durante años pero, gracias a la normativa que puso la UE en 2018, hay una mayor atención sobre el gas radón en general. Nuestra casa, que tiene que seguir siendo como un pequeño refugio, merece que la cuidemos de forma adecuada.

¿Qué podemos hacer ante el gas radón?

Proteger nuestra vivienda contra el gas radón es el objetivo que debemos ponernos para el año que está a punto de comenzar. Contratando a profesionales que, tras un estudio te digan cuál es la mejor solución al problema, seguro que comienzas a vivir mucho más tranquilo y a sentir que todo va bien.

Por otro lado, la OMS recomienda mejorar la ventilación del forjado, instalar un sistema de extracción mecánica en el sótano y sellar el piso de forma eficiente. Todo esto, que lo puede hacer un arquitecto con su equipo de proyecto, es mucho menos trabajoso de lo que pensamos si tenemos en cuenta las consecuencias.

El gas radón, incoloro, inoloro, invisible y de ataque paulatino, anida en nuestras paredes y en el suelo esperando el momento para introducirse en nosotros siendo un auténtico peligro para la salud. En cualquier caso, estamos a tiempo de acabar con él y disfrutar del calor del hogar tal y como nos merecemos.

¡No te lo pienses! Si has notado que en tu vivienda puede haber un solo indicio de esta sustancia, lo mejor es que te pongas en contacto con profesionales que te orienten sobre el estado de tu vivienda y se pongan manos a la obra con ella. ¿Tienes idea de lo mucho que ganarás entonces?

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